Arte asirio

En esta cuarta entrada referente al arte asirio quiero hablar de una de las formas escultóricas más conocidas e identificativas de la escultura del Imperio Asirio, como fueron los denominados Lammasus.

Los Lammasus eran divinidades protectoras en la mitología asiria y se trataba de un ser híbrido con cuerpo de león o toro, cabeza de hombre y alas de águila. En ocasiones, a la cabeza humana se añadían también orejas y cuernos de toro. 



Detalle de la cara de un Lammasu


El carácter híbrido del Lammasu tenía una clara finalidad simbólica. Así, la forma de toro representaba la fuerza y el poder. La cabeza humana representaba la sabiduría y la inteligencia. La larga barba era símbolo de su carácter divino. Y los gestos de la cara simbolizaban las principales características del rey bajo cuyo gobierno se mandó construir el Lammasu. Asimismo, los cuernos en la cabeza también eran símbolo de divinidad, mientras que las largas cabelleras simbolizaban la fuerza. Por último, las alas de águila guardaban una estrecha relación con la representación egipcia del dios Sol.

Según la mitología asiria, los Lammasus permitían la unión del hombre con los dioses, y permitían el equilibrio entre la tierra, el agua y el cielo. Además, eran divinidades protectoras de los hogares y de las familias asirias. Posteriormente, pasaron a ser deidades reservadas exclusivamente a la protección de los reyes.



Lammasu del Palacio de Dur Sharrukin en el Museo del Louvre


El Lammasu estaba asociado a dos divinidades asirias, como eran Isum, en su vertiente masculina, y Papsukkal en su vertiente femenina.

La primera representación de Lammasu que se ha hallado se remonta al reinado de Tiglath-Pileser I, en torno al año 1.100 a.C.

Los Lammasus generalmente se representaban en parejas y tenían una función protectora de los palacios, los templos y las ciudades, colocándose en sus entradas para que todo aquél que se acercara pudiera comprobar la majestuosidad de la figura. Estas criaturas mitológicas infundían respeto a los pueblos extranjeros que pudieran atacar las ciudades asirias. Además, estas figuras solían tener grandes dimensiones, próximas a los cinco metros de altura, con intención de transmitir una sensación de poder y sometimiento a todo aquél que la observaba. Asimismo, se han hallado reproducciones de Lammasus de pequeñas dimensiones, lo que demuestra que estas figuras también eran empleadas como amuletos personales por el pueblo asirio, al entender que su posesión les ofrecía protección y seguridad frente a los espíritus maléficos. De hecho, existía una leyenda asiria que afirmaba que el Lammasu mataba a todo aquél que no tuviera un espíritu puro y benévolo.



Pareja de Lammasus del Palacio de Khorsabad en el Museo del Louvre


Resulta muy interesante comprobar el contraste que supone examinar un Lammasu según el punto de vista desde el que se haga. Así, vistos de frente, transmiten la sensación de hieratismo, mientras que observados de lado generan la sensación de movimiento y de dinamismo. Además, si se miran desde un ángulo oblicuo, parece que poseen cinco patas. Todo ello supone un verdadero logro de la escultura asiria en lo referente a la perspectiva de las figuras y la sensación de hieratismo o dinamismo según el punto de vista desde el que se observe la obra.



Vista oblicua de un Lammasu donde se observan sus cinco patas



Vista lateral del anterior Lammasu donde sólo se observan cuatro patas


La representación escultórica de los Lammasus influyó directamente en el arte persa, principalmente en la ciudad de Persépolis, donde la representación de los Lammasus fue muy habitual en la decoración de los palacios.

Estas obras representan una de las figuras escultóricas más reconocidas de la antigua Mesopotamia, y por ello mismo son numerosos los museos de todo el mundo que tienen entre sus obras algún Lammasu, siendo los más destacados el Instituto Oriental de Chicago, el Museo Británico de Londres, el Museo de Pérgamo en Berlín, el Museo del Louvre de París, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y el Museo Nacional de Irak en Bagdad.

No querría concluir esta entrada sin referirme a los desgraciados episodios que se produjeron en Siria, en el curso de la Guerra Civil, en donde los integrantes del autodenominado Estado Islámico (ISIS) destruyeron numerosas representaciones escultóricas de Lammasus, por razones de fanatismo religioso al representar a deidades no islámicas. Igualmente, en el Museo de Arte de Mosul los terroristas del Estado Islámico destruyeron con bombas, explosivos y sierras numerosas representaciones escultóricas de Lammasus, causando un daño al patrimonio arqueológico antiguo universal de incalculable valor.



Destrucción de un Lammasu por el Estado Islámico

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